LA AMARILLA

Una investigación performativa y ritual para encarnar al subcuerpo

Entrar en el mundo donde las raíces crecen.
Ser raíz.

2026
Performance / Danza butoh / Escritura / Dibujo
20 min aprox. más recolección de tierra y filtrado

Creada durante la residencia artística Vacíos habitados
La Casa Móvil, Algodonales

Dirección de la residencia: Marina Ojeda

Fotografía: Víctor Sánchez

SINOPSIS

La Amarilla es una performance ritual, una investigación sobre el vacío, lo propio y lo común en un cuerpo.  A través de la exploración del territorio visible e invisible, y del contacto con las raíces, la tierra, la escritura y el cuerpo, exploro la posibilidad de encarnar aquello que permanece oculto u olvidado. Aquello que nos acerca río arriba al origen de la naturaleza que somos. El proceso de entrar en la piel del vacío, en el subsuelo del territorio (recolección de tierras y raices) y en el subconsciente del cuerpo (subcuerpo) es clave para permitir esta liberación de los nudos psíquicos.

La pieza surge en el contexto de una residencia artística llamada Vacíos habitados, a la que fui con una investigación propia sobre el vacío como potencia transformadora de la identidad. Propuesta a la que llamé Conoce, conoscere, desconoce.

Hace un año, tras la irrupción inesperada de un vacío inmenso dentro de mí, por el duelo de una muerte, tuve la revelación de que un cuerpo está formado por muchos otros cuerpos y por sus ausencias

Durante todo el año mis acciones artísticas han estado marcadas por este estado vital de duelo, en el que un vacío abismal se abrió radicalmente dentro de mí como parte de lo que entiendo por el cuerpo propio. No experimento el duelo como algo dramático, por el contrario esta ausencia me ha traído paz y calma. Sin embargo la cuestión de ¿qué es lo propio y qué es lo común en un cuerpo? me acompaña desde entonces.

Una propuesta de acercamiento a esta investigación es la teoría de que todo vacío necesita de un contenedor. En esta residencia artística me propuse investigar en esta dirección, explorar la piel del vacío, vislumbrando las máscaras, memorias y sueños que lo tejen, como márgenes a los que acercarnos para conocer por negativo el propio vacío.

Creo, y esto es también una intuición, que estos duelos son ventanas a modo de agujeros negros que abren nuestra experiencia vital a lo desconocido. Por ello en algunos casos de fuerte identificación con el ecosistema social que habitan puede resultar dramático el duelo, ya que se vive como una pérdida de parte de la propia identidad o un desprendimiento de las coordenadas de referencia.

Foto por Victor Sanchez a la performance La Amarilla, durante la residencia artística en La Casa Móvil.

Los pies en la obra gráfica resultante de la performance toman destacada importancia, y no es por casualidad. Son la parte del cuerpo que está en constante contacto con la superficie de la tierra, la puerta más evidente de contacto entre el sistema nervioso de la tierra y el de nuestros cuerpos. Quien no asume un duelo engarrota los pies, evita estar en contacto con la tierra.
En algunas tradiciones se dice que el segundo corazón está en los pies. Dejar que nos caminen es, para mí, un gesto de inteligencia.

Al vacío como a los sueños hay que acercarse en silencio. Este tipo de acercamiento inaugura un tipo de mente resonante con estratos de la psique más profundos y cercanos a la naturaleza real que somos. El silencio y el foco en el vacío del marco de la residencia fueron determinantes para facilitar que esta cualidad transmutadora naciese y con ella La Amarilla.

La Amarilla es un personaje de mi mundo psíquico que había descubierto cognitivamente días antes de la residencia artística. Su origen está ligado al reconocimiento en terapia de una tristeza profunda cuya raíz se remonta a la infancia. Es a partir de esa tristeza que me construyo una coraza caracterológica que durante años me permitió habitar el mundo desde una identidad que se relacionaba desde el intelecto, también a costa de una desconexión de la voz del cuerpo y de crearme situaciones de aislamiento.

La performance La Amarilla nace en este contexto de exploración del vacío como continuación emergente de este proceso vital de encarnación.

Trabajé con tierra arcillosa y raíces recogidas en la montaña de la localidad de debajo de un pino caído, escribí y dibujé a modo de cuaderno de bitácoras, moldeé máscaras de barro y atravesé acciones psicofísicas desde el estado de danza butoh que alteraron mi percepción auditiva y expandieron mi atención imaginal hacia los movimientos celulares y de separación de pieles.

Foto por Victor Sanchez a la performance La Amarilla, durante la residencia artística en La Casa Móvil.

Esta pieza es, desde lo performativo de lo cotidiano, un pensar desde los estratos subconscientes de la memoria psíquica que están más cerca del pensar del corazón. 

Un acto de sumergirme en las capas profundas del cuerpo, de entrar al mundo donde las raíces crecen. Ser raíz. Habitando desde el subcuerpo, desde el subconsciente, desde el subbody, entro en mis entrañas, en lo que la luz de La Amarilla no deja ver. Entro en la realidad que ocultaba, donde la luz de esa conciencia no alcanza. 

Un acto psicomágico que facilita el desvelo de la posesión de los fantasmas socioculturales. No es un rechazo, en este caso a La Amarilla, sino un descondicionamiento de un tipo de mirada.

El cultivo del personaje La Amarilla, me ha permitido durante toda mi vida sublimar el pensamiento creativo y ver opciones donde muchos no lo ven. Una inteligencia a la que sigo accediendo tras esta performance-ritual. Solo que a partir de este acto, el caracter La Amarilla es, como dice Tsultrim Allione, un aliado. Ha abandonando la parte constitutiva en mi mundo, y ha pasado a ser una herramienta de la mente que no edulcora la realidad ni mi acción artística por defecto.

Foto por Victor Sanchez a la performance La Amarilla, durante la residencia artística en La Casa Móvil.

Poema que describe las coordenadas descubiertas durante la residencia, escrito sobre el mismo papel de arroz utilizado en la performance La Amarilla. La longitud del texto ocupó el ancho exacto del papel.

Durante las puertas abiertas de la residencia presentamos la documentación videográfica de la performance «La Amarilla» junto con fotografías, el instrumento utilizado en la acción y un poema escrito sobre el mismo papel de arroz empleado durante la pieza. 

Esta obra forma parte de una investigación creativa más amplia que inaugura una conciencia encarnada del nosotros y una manera de estar en el mundo acorde con los ritmos naturales.

En otra pieza llamada «La luz de las estrellas muertas», en co-creación con Orfilia Seijás, exploramos en movimiento y danza butoh el vacío en el cuerpo, sus fuerzas y esa luz que por milenios sigue alumbrando aunque su cuerpo original ya no esté.

La pregunta ¿qué es lo propio y qué es lo común en un cuerpo? seguirá siendo campo de investigación por largo rato. 

Y termino mencionado un fragmento de la escritura de Marina Garcés en Un mundo común, escritora que encuentro siempre clara e incendiaria: “¿Y si los cuerpos no están juntos ni separados, sino que nos sitúan en otra lógica relacional que no hemos sabido pensar? Más allá de la dualidad unión/separación, los cuerpos se continuan.”

El Arte de hacer visible lo invisible

«The important thing about art is to liberate people, so for me, art is the science of freedom.»
Joseph Beuys, 1974.

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