EL CUERPO ES UN ABISMO

INTENSIVO DE DANZA BUTOH, UN VIAJE HACIA EL MISTERIO DEL CUERPO

Foto por Álvaro Parada durante el seminario del Arte de Nacer de Jonathan Martineau, Coín, Málaga

«El cuerpo es un abismo.»
— Tatsumi Hijikata

El cuerpo es un abismo es un intensivo de danza butoh y exploración en movimiento que invita a atender a aquellas dimensiones del cuerpo que permanecen fuera del control del sujeto. A través de la improvisación, las prácticas somáticas, la meditación y la imaginación activa, cultivamos un cuerpo disponible para escuchar las fuerzas invisibles que atraviesan nuestra experiencia: la memoria, el sueño, la gravedad, la respiración, el deseo, el silencio. No se trata de aprender una técnica, sino de crear las condiciones para atender una danza propia y una relación más profunda con la naturaleza que somos.

 

EL CUERPO COMO UN A PREGUNTA

No entiendo el cuerpo como un objeto acabado que pulir, sino como una pregunta viva.

Un territorio en continua transformación donde memoria, imaginación, emociones, pensamiento y espacio se entretejen sin cesar. Un cuerpo que no termina en la piel, sino que continúa allí donde comienza el aire, donde aparece la gravedad, donde otro cuerpo nos afecta o donde un paisaje modifica nuestra manera de respirar.

Llamamos cuerpo a algo mucho más amplio que nuestra anatomía. Somos tiempo, espacio, respiración, historias heredadas, sueños que todavía no comprendemos y movimientos que comenzaron mucho antes de que decidiéramos hacerlos.

Por eso, cuando danzamos, no buscamos producir un movimiento interesante. Escapamos de toda productividad, huimos del cuerpo capitalizado. Buscamos escuchar el movimiento que ya está ocurriendo, la danza que no podemos parar. Hijikata decía que la danza es el espacio, hacía allí vamos, hacia contemplar nuestra existencia como un paisaje que lo forman infinitas interioridades y exteroridades, tu propia coexitencia diría Peter Sloterdijk.

La danza butoh me ha permitido comprender que existe un cuerpo que no puede ser domesticado. Un cuerpo anterior a nuestras explicaciones. Un cuerpo que recuerda antes de pensar, que imagina antes de nombrar y que continúa soñando incluso cuando creemos estar despiertos.

Cada persona tiene su propio butoh.

Hijikata nunca quiso que nadie copiara sus movimientos. El butoh no es un estilo. Es una manera de investigar la existencia desde el cuerpo. Un marco donde atravesar la identidad para encontrarnos con una realidad más amplia que la del personaje que habitualmente creemos ser.

Cuando hablamos del cuerpo como un abismo no hablamos de la oscuridad encasillada en el miedo, sino de la oscuridad donde crecen las semillas, donde a la luz de la noche germinan y se cultivan las fuerzas del impulso de vida. El butoh de la oscuridad, también llamado ankoku-butoh no niega la luz, sino que cree prefiere ir al origen de ella y también a todo aquello que se quedó enquistado al cobijo de un cuerpo invisible porque no encontró cauce. A estas danzas también se les podría llamar las danzas de las partes perdidas del alma o la flor de kan. 

El cuerpo es un abismo tiende un horizonte desde lo cercano y conocido hacia lo lejano y desconocido que no podremos controlar ni comprender del todo, hacia el misterio. Lugares donde la imaginación, la memoria, la percepción y el inconsciente continúan creando realidad mientras vivimos. Ir hacia ese territorio no significa perderse sino sino en todo caso liberarse, expandir la percepción.

 

LA DANZA QUE YA ESTÁ SUCEDIENDO

Vivimos rodeados de movimientos aprendidos. Aprendemos a caminar, a mirar, a reaccionar, a ocupar un espacio, a sostener un gesto, incluso a emocionarnos según ciertas formas culturales. Poco a poco esas maneras de movernos terminan pareciéndonos naturales. Pero ¿qué ocurre cuando dejamos de intentar mover el cuerpo?. ¿Qué sucede cuando permitimos que sea el espacio quien nos mueva?

En este taller entrenamos una cualidad distinta de atención. No buscamos añadir movimientos nuevos, sino retirar aquello que impide escuchar los que ya existen. Trabajamos desde la disponibilidad y desde la escucha de donde estamos en cada momento: la respiración, el peso, la gravedad, la dirección del viento, la textura del suelo, la presencia de otros cuerpos, la memoria inscrita en nuestros tejidos, el silencio.

La improvisación deja de ser una sucesión de decisiones y se convierte en una forma de atención. El cuerpo deja de obedecer únicamente a la voluntad y comienza a resonar con aquello que lo rodea. Entonces la danza aparece. 

 

UN VIAJE HACIA LA NATURALEZA QUE SOMOS

Este intensivo forma parte de mi investigación El arte de hacer visible lo invisible y dialoga con los procesos que desarrollo en Somos Natura, La Flor de Kan y las clases regulares Pregúntale a tu danza.

Atender a aquello que ya está buscando una forma de manifestarse.

El cuerpo posee una inteligencia propia. Cuando aprendemos a escucharla, deja de ser únicamente un instrumento para convertirse en un lugar de nacimiento. Un lugar donde pensar, imaginar, recordar y crear dejan de ser acciones separadas.

Por eso entiendo la danza como una forma de pensamiento en movimiento. Y el movimiento como una manera de hacer visible lo invisible.

Foto por Pedro Selas, Villa Matilde, Manilva, Málaga

Poesía: A mi Musa Kali

+

Un abismo se abre
como jeroglífico indescifrable.

Aspavientos para el aire
que aviva la llama
que dentro arde.

Aparente fallo,
agradecida falla
en mi mente.

La que da aire y salida
a este cuerpo ardiente.

.

Dedicatoria a Sandra.

Águeda Ortega

Este monográfico se centra en trabajar con:

  • Imaginación activa
  • Relación cuerpo-espacio
  • Atmósferas
  • Subbody, cobody, bodyweather
  • Shadowing y máscaras
  • Canales
  • Ankoku butoh y butoh blanco.
  • Poéticas del cuerpo: horizonte, humo, sombra, otoño.
Pieza Santa Águeda, fotografía por Nick Gandano

Poesía: EL SUEÑO DE UN CUERPO

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El sueño le estremece,
permite que recorra su cauce,
entre lo esquivo del aire
y la claridad de la roca.

Desde el palpitar
de las puntas de las raíces
siendo serpenteadas
de tierras y aljibes.

Desde el espacio
donde alas y aire,
acarician un cuerpo
a flor de piel.

Afluentes de miseria
incontenibles por una tierra
que ha rompido.

Jardín de agua naciente
le ha devolvido.

Sintiendo el peso de una ida.

La orientación de un reflejo.

Ancla a un recuerdo.

 

De la serie de obras de arte:
«El cuerpo no sufre».

Águeda Ortega

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