Mi rutina es dejar de quererte, dejar de querer.
Mi rutina es amarte, amar.
Como todo mundo que empuja por nacer, si se encuentra con el muro cegador de la luz del juicio, nos paraliza las contracciones psico-físicas necesarias para que esa nueva creación siga su camino.
Un hijo creativo que se queda dentro de la psique perdido, generando fantasías sobre el mundo al que pertenece y no fue nacido. Como si a un volcán en erupción le pusieras un tapón bien enroscado, la lava encontrará su camino por alguna otra grieta, no será la que tenga sentido, será por la que pudo nacer.
Hay que seguir empujando.
Hay que seguir a los pasos de la intuición.
En un mundo ensordecido lo natural no encuentra su camino. Tras capas y capas de juicio, sumergiéndonos en los orígenes del impulso que sentimos, hay agua,… Ahí podemos encontrar nuevos lugares desde los que seguir naciendo, desde lo más profundo, desde donde la luz cegadora del juicio no alcanza, podemos continuar viendo, abriéndonos al camino.
Y es solo con el amar y no con el querer, con la honestidad y más maña que fuerza, con estar disponible y enfocada, transitando disparates, con más imaginación que raza, … es así como nos desvestimos de voces que acallan.
Amar, no es ser bueno, es mostrarte sin poseerte.
(…)